martes, 22 de mayo de 2018

La cuestión del "Papa hereje" considerado por el Concilio Vaticano I





LA CUESTIÓN DE UN PAPA HEREJE 
CONSIDERADO POR EL CONCILIO VATICANO I


Mientras que algunos autodenominados "tradicionalistas" y " verdaderos católicos" están promoviendo la atractiva y conveniente pero totalmente falsa y desastrosa idea de que la Iglesia Católica tenía Papas en su historia que eran herejes pero que aún eran válidos Papas, nosotros en Novus Ordo nos gusta seguir la enseñanza verdadera de la Iglesia y los hechos verificables.

Además de fanfarrones como Michael Voris (a los 5:54 aquí) y Eric Gajewski (aquí), uno de los mayores bocazas que está empujando este error desconcertante de los "papas herejes pero válidos" es el anónimo bloguero inglés Mundabor, a quien recientemente dimos una buena paliza a su desafortunado análisis teológico acerca del  Novus Ordo Missae. Vea usted mismo la cabecera del  blog de Mundabor, que presenta prominentemente "Papas heréticos" como una opción de menú, que es un enlace que lo lleva a una lista de ensayos que supuestamente demuestran que ha habido papas heréticos pero válidos en algún momento u otro. en la historia de la Iglesia:






Por supuesto, la razón por la cual Mundabor es tan entusiasta acerca de los supuestos "Papas heréticos" en la historia de la Iglesia, es que el "gran jefe" con el que su religión se encuentra actualmente afligida, el  Sr. Jorge Bergoglio ("Papa Francisco"), es tan notoriamente hereje como uno probablemente verá alguna vez reclamar la Silla de San Pedro. No pudiendo negar lo obvio, y aun siendo obstinadamente reacio a admitir que el "papado" de Francisco es un fraude, es decir, que el Sr. Bergoglio es un impostor y en absoluto un Papa válido, Mundabor trata de buscar refugio en precedente histórico, real o imaginario, de la idea de un hereje que ostente válidamente la oficina papal. Si realmente  hay un precedente histórico para tal absurdo, es completamente secundario a Mundabor. Lo que le importa principalmente es que se puede argumentar a favor de ello, por descuidado e impreciso que sea, y esto es lo que el blogger inglés ahora publicita en su página "Papas Heréticos".

Desafortunadamente para Mundabor, Voris, Gajewski y aquellos que creen que un Papa puede ser un hereje y seguir siendo el jefe de la Iglesia Católica, esta pregunta surgió en el  Concilio Vaticano I, que definió el dogma de la infalibilidad papal en 1870. En una conferencia dada después de su regreso del concilio, el Arzobispo John Baptist Purcell de Cincinnati relató lo siguiente (presten mucha atención, todos ustedes que creen que los Sedevacantistas son solo un grupo de locos presuntuosos):

La pregunta también fue planteada por un Cardenal: "¿Qué se debe hacer con el Papa si se convierte en hereje?" Se respondió que nunca ha habido tal caso; el Consejo de Obispos podría deponerlo por herejía, porque  desde el momento en que se convierte en hereje, no es la cabeza o incluso un miembro de la Iglesia. La Iglesia no estaría, por un momento, obligada a escucharlo cuando comience a enseñar una doctrina que la Iglesia sabe que es una falsa doctrina, y  dejaría de ser Papa, siendo depuesto por Dios mismo .
Si el Papa, por ejemplo, dijera que la creencia en Dios es falsa, no estarías obligado a creerle, o si él negara el resto del credo, "Creo en Cristo", etc.  La idea misma de esta suposición es perjudicial para el Santo Padre, pero sirve para mostrarle la plenitud con que se ha considerado el tema y la amplia reflexión que se ha dado a cada posibilidad. Si él niega cualquier dogma de la Iglesia sostenido por cada verdadero creyente, él no es más Papa que tú o yo; y así, a este respecto, el dogma de la infalibilidad no equivale a nada como un artículo de gobierno temporal o encubrimiento de la herejía.
(Abp. John B. Purcell, citado en el Reverendo James J. McGovern,  Vida y Obra del Papa León XIII  [Chicago, IL: Allied Printing, 1903], página 241;  imprimatur  del Abp. James Quigley de Chicago; adicional.)

Esta respuesta dada coincide al 100% con la  posición sedevacantista. Si le sorprende, tal vez es hora de dejar de leer la propaganda de la "resistencia" desarrollada por  The Remnant,  Rorate Caeli,  Catholic Family News, The Angelus y similares publicaciones. ¡La historia real resulta ser refrescantemente sedevacantista!

Con demasiada frecuencia, las personas difunden espontáneamente citas que no han verificado, simplemente copiando y pegando lo que encuentran en Internet o en algún tratado de propaganda de SSPX. (Delincuente principal: Eric Gajewski, como se detalla en  TRADCAST 003, que "citó" de una carta inexistente a un obispo inexistente.) En otros momentos, la investigación se descarta por completo y se reemplaza por analogías hechas a sí mismas que no tienen nada que ver con hacer con la enseñanza católica o la teología (demostraron recientemente Mundabor y Louie Verrecchio  sus impresionantes habilidades en este sentido). Nuestro consejo: si quieres debatir sobre teología en Internet de manera seria, asegúrate de que no te consideras por encima de ir a una biblioteca para buscar cosas o comprar un libro o dos, superando cualquier temor de que sea cual sea la evidencia que tengas. encontrará realmente puede requerir que cambie su posición.

La anécdota del Vaticano I relatada por Abp. Purcell no es más que el último descubrimiento que se suma a una montaña de pruebas para el Sedevacantismo. Estamos en deuda con la investigación de nuestro amigo Steven Speray del  Catholicism in a Nutshell  blog  para este maravilloso hallazgo. Resumiremos los puntos más destacados del informe del arzobispo, para que no sean pasados ​​por alto, y agreguemos algunos comentarios aclaratorios a continuación.

De acuerdo con la respuesta dada a un cardenal inquisitivo en el Primer Concilio Vaticano, según lo relatado por Abp. Purcell:


  • Ningún Papa ha sido un hereje
  • Si un Papa se convirtiera en un hereje manifiesto, dejaría inmediatamente de ser Papa porque inmediatamente dejaría de ser miembro de la Iglesia.
  • No sería depuesto por la Iglesia, que no tiene autoridad sobre el Papa, sino por Dios mismo, que ha hecho que la pertenencia a la Iglesia dependa de la profesión de la verdadera Fe, de la que depende la unidad de la Iglesia (ver Papa Encíclica XII,  Encíclica  Mystici Corporis, n. 22)
  • Los obispos de la Iglesia podrían declarar que el antiguo Papa se había depuesto a sí mismo, algo que les permitiría eliminar al no Papa.
  • La sola idea de un Papa herético que, sin embargo, sigue siendo Papa es "perjudicial" para el papado y, por lo tanto, para el dogma católico


¿Entendido, Mundabor? ¿Entendido, señor Gajewski? Entendido, Sociedad de San Pío X? Lo siento si no encaja con sus ideas actuales, pero a la verdad simplemente no le importa lo que las personas piensen al respecto.

Ahora, dado que sabemos que hay muchos escépticos, proporcionamos una imagen de la página de la que proviene este extracto de Abp. Se toma la dirección de Purcell (haga clic en la imagen para agrandarla): no deje que nadie diga que simplemente lo inventó o que no revisó nuestras fuentes:



McGovern,  Vida y Obra de Vida del Papa León XIII  (1903), p. 241 
(haga clic para agrandar)

[ACTUALIZACIÓN: el libro en cuestión está disponible en línea de forma gratuita, en este enlace y también aquí].

Permítasenos subrayar una vez más que, como confirma este testimonio, los Padres del Concilio Vaticano I concluyeron después de una extensa investigación, investigación y debate que  ningún Papa  había sido nunca un hereje, ni Liberio, ni Honorio I, ni Esteban VII, ni Nicholas I. Ni Juan XII, ni Juan XXII, ni ningún otro nombre que se mencione típicamente en asociación con la acusación de "herejía papal". Esta  es la Tradición de la Iglesia, y cualquiera que se llame a sí mismo "tradicionalista" o "católico tradicional" en realidad puede querer considerar seguirla.

Pero entonces, ¿qué sabían los Padres del Vaticano sobre el papado o la historia católica, no? Puede estar seguro de una cosa: Mundabor no se doblará. Su primera premisa en toda argumentación es que el sedevacantismo es falso, y todo lo demás  debe ajustarse  a este dogma de todos los dogmas, sin importar cuán falso o irrazonable sea el resultado. Por desgracia, este es un síntoma muy común en estos días: la argumentación es impulsada por una conclusión preconcebida y deseada. Esta no  es  la manera de llegar a la verdad; de hecho, convierte la búsqueda de la verdad en su cabeza al ser nada más que una forma inteligente de justificar lo que uno  desea que sea  la verdad. Nosotros en Novus Ordo Watch sabemos de lo que estamos hablando: todos nosotros fuimos Novus Ordo en un punto y estamos  convertidos a la posición sedevacantista. Todos  nosotros. No es fácil admitir que uno ha estado equivocado o engañado, pero es  necesario .

Una consideración muy importante que generalmente es olvidada por aquellos que felizmente empujan la idea de que un Papa puede ser un hereje y aún ser Papa es que tal escenario significaría el final de la unidad de la Iglesia, una de las marcas esenciales de su divina constitución, porque significaría que alguien puede ser miembro de la Iglesia; de hecho, su  cabeza - mientras profesa una religión diferente a la de la Iglesia Católica. En otras palabras, la Iglesia no sería una en la Fe. Pero esto es una herejía: "Un cuerpo y un Espíritu; como eres llamado con una sola esperanza de tu llamado. Un Señor, una fe, un bautismo "(Efesios 4: 4); "Cuando el fundador divino decretó que la Iglesia debería ser una en la fe, en el gobierno y en la comunión, eligió a Pedro y sus sucesores como principio y centro, por así decirlo, de esta unidad" (Papa León XIII,  Encíclica  Satis Cognitum , n. 15).

Tenemos una serie continua de publicaciones en el blog llamada  Los Papas "Heréticos" , que examina y refuta varios argumentos que normalmente se presentan para fundamentar la afirmación de que algunos Papas en la historia de la Iglesia fueron herejes, es decir, se les negó un dogma definido. Simplemente no es verdad, y después del Vaticano I, las únicas personas que todavía hicieron tal afirmación, hasta donde hemos visto, fueron condenados:

Entonces, una vez más,  la investigación real  ha respaldado la posición sedevacantista. Siga a los "tradicionalistas" falsos, no sedevacantistas y sus medios de propaganda bajo su propio riesgo.



Fuente. Novus Ordo Watch



Sea todo a la mayor gloria de Dios.

Martirologio Romano 22 de mayo


Día de Rogativas

SANTA JULIA 
DE CÓRCEGA
Virgen y Mártir

n. s. VI o VII en Carthago Nova;
† crucificada alrededor de los años 616-620 en Córcega


SANTA JULIA DE CÓRCEGA, Virgen y Mártir


Sed prudentes como serpientes
y sencillos como palomas.
(Mateo 10, 16)



  • En Roma, los santos Mártires Faustino, Timoteo y Venusto.
  • En África, los santos Mártires Casto y Emilio, los cuales, por el tormento del fuego, consumaron el martirio. A éstos, como escribe san Cipriano, vencidos en el primer combate, hizo el Señor vencedores en el segundo; pues los que antes cedieron a la vista del fuego, fueron más fuertes que el fuego.
  • En Comana del Ponto, san Basilisco, Mártir, a quien, en el imperio de Maximiano y bajo la presidencia de Agripa, calzaron chinelas de hierro sembradas de clavos candentes, y después de otros muchos tormentos, al fin decapitado y arrojado a un río, consiguió la gloria del martirio.
  • En Córcega, santa Julia, Virgen, que en el suplicio de la cruz alcanzó la corona.
  • En España, santa Quiteria, Virgen y Mártir.
  • En Ravena, san Marciano, Obispo y Confesor.
  • En Pistoya de Toscana, san Atón, Obispo, de la Orden de Valleumbrosa.
  • En una aldea de Auxerre, san Román, Abad, el cual sirvió a san Benito en la cueva; y pasando después a las Galias, edificó allí un monasterio, donde, dejando muchos aspirantes a la santidad, descansó en el Señor.
  • En Aquino, san Fulco, Confesor.
  • En Auxerre, santa Elena, Virgen.
  • En Casia de Umbría, santa Rita, Viuda, Monja de la Orden de Ermitaños de san Agustín; la cual, muerto su marido, solamente amó al inmortal esposo Cristo.


Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.



SANTA JULIA
DE CÓRCEGA


Tuvo esta santa la prudencia de la serpiente, pues expuso su cuerpo a los tormentos para salvar su alma; tuvo también la sencillez de la paloma, pues, siendo esclava, servía a su dueño con la fidelidad y sencillez que San Pablo recomienda a los servidores. Aunque totalmente pagano como era su señor, admiraba su virtud y la instaba, aunque inútilmente, a que moderase sus ayunos y mortificaciones. Encarcelada en su carácter de cristiana, fue abofeteada, arrastrada de la cabellera y, finalmente, crucificada en la isla de Córcega. Se vio salir su alma del cuerpo en forma de paloma.

lunes, 21 de mayo de 2018

Dom Gueranger: El Tiempo Después de Pentecostés





"Año Litúrgico"
Dom Gueranger


EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS


Carácter de este Período

Después de la solemnidad de Pentecostés y su Octava, la sucesión del año litúrgico nos introduce en un nuevo período, que se diferencia totalmente del que hemos recorrido hasta aquí. Desde el principio del Adviento, que es el preludio de la fiesta de Navidad, hasta el aniversario de la venida del Espíritu Santo, hemos visto manifestarse todo el conjunto de los misterios de nuestra salvación. La serie de tiempos y de solemnidades desarrollaban un drama sublime que nos tenía suspensos y que acaba de terminarse. Con todo eso no hemos llegado aún más que a la mitad del año. Mas esta última parte del tiempo no se halla tampoco desprovista de misterios; pero en lugar de excitar nuestra atención por el interés siempre creciente de. una acción que se encamina hacia su desenlace, la sagrada Liturgia nos va a ofrecer una sucesión casi continua de episodios variados, unos gloriosos, otros emocionantes y que aporta cada uno su elemento especial para el desarrollo de los dogmas de la fe, o el progreso de la misma vida cristiana, hasta que el Ciclo, una vez acabado, termine para hacer sitio a otro, que renovará los mismos sucesos y derramará las mismas gracias sobre el cuerpo místico de Cristo.


Su Duración

Este período del Año Litúrgico, que comprende poco más o menos seis meses, según la fecha de Pascua, siempre ha tenido la actual forma. Pero, aunque no admite sino algunas solemnidades y fiestas destacadas, con todo eso, refléjase en él la influencia del ciclo movible. El número de las semanas que lo componen, puede llegar a veinte y ocho, y bajar hasta veintitrés. El punto de partida está determinado por la fiesta de Pascua, que oscila entre el 22 de marzo y el 25 de abril, y el término es el primer Domingo de Adviento, que abre un nuevo Ciclo, y es siempre el Domingo más próximo a las calendas de Diciembre.


Los Domingos

En la Liturgia romana, los Domingos de que se compone esta serie, se designan con el nombre de Domingos después de Pentecostés. Esta denominación es la más apropiada, como demostraremos en el capítulo guíente, y se basa en los más antiguos Sacramentarios y Antifonarios; pero no se estableció sino progresivamente en las Iglesias que usaban la Liturgia romana. Así el en Comes de Alcuino, que nos remonta al siglo VIII, vemos que la primera serie de estos Domingos, se designa con el nombre de Domingos después de Pentecostés; la segunda se intitula Semanas después de la fiesta de los apóstoles (post Natale Apostolorum); la tercera se llama Semanas después de San Lorenzo (Post Sancti Laurentii); la cuarta se denomina Semanas del séptimo mes (septiembre); la quinta, por fin, lleva la denominación de Semanas después de San Miguel (post Sancti Angelí); esta última serie llega hasta Adviento. Muchos misales de las Iglesias de Occidente presentan, hasta el s. XVI, esas distintas divisiones del Tiempo después de Pentecostés, expresadas de un modo variado según las fiestas de los Santos que servían como de fecha, para las distintas diócesis en esta parte del año. El Misal romano publicado por Pío V, habiéndose extendido sucesivamente en las Iglesias latinas, terminó por restablecer la antigua denominación, y el tiempo del año litúrgico a que hemos llegado, se designa en lo sucesivo con el nombre de Tiempo después de Pentecostés (Post Pentecosten).


Objeto de este Período

Para captar bien la intención y el significado de esta estación del Año Litúrgico a que hemos llegado, es necesario recordar toda la serie de misterios que la Iglesia ha celebrado ante nosotros y con nosotros. La celebración de estos misterios no ha sido un vano espectáculo representado ante nuestros ojos. Cada uno ha traído consigo una gracia especial que producía en nuestras almas lo que significaban los ritos de la Liturgia. En Navidad, Cristo nació en nosotros; en el tiempo de Pasión, nos incorporó a sus sufrimientos y satisfacciones; en Pascua, nos comunicó su vida gloriosa; en su Ascensión, nos llevó consigo al cielo; en una palabra, para servirnos de la expresión del Apóstol: "Cristo se ha ido formando en nosotros"

Pero la venida del Espíritu Santo era necesaria para aumentar la luz, para calentar nuestras almas con un fuego permanente, para consolidar y perpetuar la imagen de Cristo. El Paráclito ha descendido y se ha dado a nosotros; quiere residir en nuestras almas y gobernar nuestra vida regenerada. Ahora bien, esta vida, que debe desenvolverse conforme a la de Cristo y con la dirección de su Espíritu, se halla figurada y expresada por el período que la Liturgia designa con 'el nombre de Tiempo después de Pentecostés.


La Iglesia 

Aquí se nos presentan dos cosas dignas de consideración: la Santa Iglesia y el alma cristiana. La Esposa de Cristo, llena del Espíritu divino que se ha derramado en ella y que la anima siempre, avanza en su carrera militante, y debe caminar hasta la segunda venida de su Esposo celestial. Posee los dones de la verdad y de la santidad. Armada con la infalibilidad de la fe y con la autoridad del gobierno, apacienta el rebaño de Cristo, lo mismo en la libertad y en la tranquilidad, que en medio de persecuciones y de pruebas. Su Esposo divino está con Ella, hasta la consumación de los siglos, por su gracia y por la eficacia de sus promesas; posee todos los favores que le ha impartido, y el Espíritu Santo quedará con Ella siempre. Esto expresa esta parte del Año Litúrgico, donde no encontraremos los grandes sucesos que señalaron la preparación y la consumación de la obra divina. En cambio, la Iglesia recoge en él los frutos de santidad y de doctrina que estos misterios han producido y producirán durante su marcha a través de los siglos. Veráse también cómo se preparan y llegan a su tiempo los últimos sucesos que transformarán su vida militante en una vida triunfante en los cielos. Tal es, por lo que concierne a la Iglesia, la significación de la parte del Ciclo Litúrgico en que entramos.


El Alma Cristiana

En cuanto al alma fiel, cuyo destino es como el compendio del de la Iglesia, su curso, durante el período que se abre para ella después de la ñesta de Pentecostés, debe ser análogo al de nuestra madre común. Debe vivir y obrar según el Cristo que se unió con ella en la serie de sus misterios, y según la acción del Espíritu divino que recibió; los episodios que señalen esta nueva fase, aumentarán en ella la luz y la vida. Recogerá en uno los rayos salidos de un mismo centro, y caminando de claridad en claridad ', aspirará a la consumación en Aquel que ya conoce y en cuya posesión ha de ponerla la muerte. Mas, si el Señor no cree aun oportuno llamarla a Sí, comenzará un nuevo Ciclo y volverá a pasar por los elementos que experimentó en la primera mitad del Año Litúrgico; después de lo cual se encontrará de nuevo en el período que se desarrolla bajo la dirección del Espíritu Santo; por fin, el Señor la llamará el día y la hora que tiene señalado desde toda la eternidad.

Entre la Iglesia y el alma cristiana, durante el intervalo que se extiende desde la primera fiesta de Pentecostés hasta la consumación, hay esta diferencia: que la Iglesia le recorrerá una sola vez, mientras que el alma cristiana le vuelve a encontrar cada año a su tiempo. Fuera de esta diferencia la analogía es completa. Debemos, pues, alabar a Dios que viene en socorro de nuestra debilidad, renovando en nosotros sucesivamente, en la Liturgia, los auxilios por los que alcanzaremos el fin al que fuimos destinados.


La Enseñanza de la Escritura

La Iglesia ha dispuesto la lectura de los libros de la Sagrada Escritura durante el período actual, para expresar todo lo que se obra en su curso, ya en la misma Iglesia, ya en el alma cristiana. Desde el primer Domingo de Pentecostés hasta el mes de Agosto, nos instruye con la lectura de los cuatro libros de los Reyes. Son el resumen de los anales de la Iglesia. En ellos se ve la monarquía de Israel inaugurada por David, figura de Cristo victorioso en los combates, y por Salomón, el Rey pacífico, que levanta el templo para gloria de Dios. El mal lucha contra el bien durante esta travesía de los siglos. Hay grandes y santos reyes como Asá, Ezequías, Josías, y reyes ínfleles como Manases. El cisma se declara en Samaría, y las. naciones Ínfleles reúnen sus fuerzas contra la Ciudad de Dios. El pueblo santo, sordo con mucha frecuencia a la voz de los profetas, se entrega al culto de los dioses falsos y a los vicios de la gentilidad, y la justicia de Dios destruye en una ruina común al pueblo y a la ciudad infiel. Es imagen de la destrucción de este mundo, cuando de tal suerte faltara la fe, que el Hijo del Hombre, en su segunda venida, apenas encontrará rastro de ella.

En el mes de Agosto, leemos los libros Sapienciales, llamados así porque contienen las enseñanzas de la Sabiduría divina. Esta Sabiduría es el Verbo de Dios, que se manifiesta a los hombres por la enseñanza de la Iglesia hecha infalible en la verdad, gracias a la asistencia del Espíritu Santo, que mora en ella de un modo permanente.

La verdad sobrenatural produce la santidad, que no podría subsistir ni fructificar sin ella. A fin de expresar este lazo que existe entre una y otra, la Iglesia lee en el mes de Septiembre los libros llamados hagiógrafos, de Tobías, Judit, Ester y Job, en los que se ve a la Sabiduría en acción.

Como la Iglesia, al fin de su permanencia en este mundo, debe verse sometida a violentos combates, se leen, en el mes de Octubre los libros de los Macabeos, en que se narran el valor y la generosidad de los defensores de la Ley, que sucumbieron con gloria, como sucederá en los •últimos tiempos, cuando se dé a la bestia la potestad de declarar la guerra a los santos y de vencerlos.

En el mes de Noviembre se leen los Profetas, anunciadores de los juicios de Dios, que se dispone a acabar con el mundo. Pasan sucesivamente: Ezequiel, Daniel y los Profetas menores, de los que la mayoría anuncian las venganzas divinas, y los últimos proclaman, al mismo tiempo, la próxima venida del Hijo de Dios.

Tal es el significado místico del tiempo después de Pentecostés. Se completa con el uso del color verde en las vestiduras sagradas. Este color expresa la esperanza de la Esposa, que sabe que su destino ha sido confiado por el Esposo al Espíritu Santo, con cuya dirección va realizando su peregrinación con toda seguridad. San Juan expresa todo ello con una sola frase: "El Espíritu y la Esposa dicen: Ven".


Objeto del Año Litúrgico

El objeto de la Iglesia en el año Litúrgico es conducir al alma cristiana a la unión con Cristo por medio del Espíritu Santo. Este es el fin que el mismo Dios se propuso al darnos a su Hijo para que fuese nuestro mediador, nuestro doctor y nuestro redentor, y al enviarnos al Espíritu Santo para que more con nosotros. Tal es el fin al que tiende todo el conjunto de ritos y oraciones que hemos seguido, y que no es sólo la conmemoración de los misterios que la bondad divina hizo por nuestra salvación, sino que lleva consigo las gracias correspondientes a cada uno de esos misterios, para que lleguemos, como dice el Apóstol, "a la edad de la plenitud de Cristo".

La participación en los misterios de Cristo obra en el alma cristiana lo que la teología mística llama "Vía iluminativa", en que el alma es iluminada cada vez más con la luz del Verbo encarnado, que, con sus ejemplos y enseñanzas, la renueva en todas sus potencias, y la acostumbra a tener siempre las miras de Dios en todo. Esta preparación la dispone a su unión con Dios, no sólo de un modo imperfecto y más o menos estable, sino de un modo íntimo y permanente que se llama "Vida unitiva". Esta vida es la obra propia del Espíritu Santo, que fué enviado al alma para mantenerla en posesión de Cristo y desarrollar en ella el amor por el que se une con Dios.


Las Fiestas del Tiempo después de Pentecostés

En este estado, el alma está preparada para gustar y asimilar todo lo que los numerosos episodios del Tiempo después de Pentecostés ofrecen de sustancial y de nutritivo. El misterio de la Santísima Trinidad, el del Santísimo Sacramento, la misericordia y el poder del Corazón de Jesús, las grandezas de María y su acción sobre la Iglesia y sobre las almas, se la manifiestan con más plenitud, produciendo en ella nuevos efectos. Percibe más íntimamente en las fiestas de los Santos, tan variadas y tan ricas en este tiempo, el lazo que la une a ellas en Jesucristo por el Espíritu Santo. La felicidad eterna, a la que esta vida de prueba debe ceder su lugar, se revela en ella en la fiesta de Todos los Santos y recibe en mayor grado la esencia de esta dicha misteriosa que consiste en la luz y en el amor. Unida cada día más estrechamente con la Iglesia, sigue todas las fases de su existencia en la duración de los tiempos, toma parte en sus sufrimientos, participa de sus triunfos, ve sin desmayos inclinarse este mundo a su ocaso; porque sabe que el Señor está cerca. Por lo que toca a ella misma, siente que su vida corporal se apaga lentamente, que el muro que la aisla aún de la vista y de la posesión inmutable del Sumo Bien, se derrumba poco a poco; porque ya no vive en este mundo en que está, y su corazón ya se ha vuelto hacia donde está su tesoro.

Así iluminada, así atraída, así fija por la incorporación de los misterios, por medio de los cuales la Liturgia la ha alimentado y por los dones que el Espíritu Santo ha infundido en ella, el alma se entrega sin resistencia al soplo de este divino motor. El bien se le hace tanto más fácil cuanto, como de sí misma, aspira a lo más perfecto; el sacrificio, que la asustaba antes, la atrae ahora; usa de este mundo como si no lo usase2, porque las verdaderas realidades para ella están fuera de este mundo; en fin, aspira tanto más a la posesión imperecedera de lo que S. Mateo, VI, 21. 2 I Cor., VII, 31. PRACTICA 17 ama, cuanto ya desde esta vida, como lo enseña el Apóstol, por lo mismo que se une de corazón a Dios, se hace un espíritu con Él.


La Renovación Anual de la Liturgia

Tal es el resultado que está destinada a producir en el alma la influencia suave y segura de la Liturgia. Y si, después de haber seguido las fases sucesivas, nos parece que este estado de desprendimiento y de aspiración no es aún el nuestro, y que la vida de Cristo no ha absorbido aún en nosotros la vida personal, guardémonos de desalentarnos. El Ciclo de la Liturgia, con sus rayos de luz y sus gracias que derrama en las almas, no aparece una vez sólo en el cielo de la Santa Iglesia; cada año ve que se renueva. Tal es la intención del que "amó tanto al mundo que le dió su Hijo único", del que "vino no a juzgar al mundo, sino a salvarle": intención con la cual la Iglesia se conforma, poniendo sin cesar a nuestra disposición, con su providencia maternal, el más poderoso de los medios para llevar el hombre a Dios y para unirle con El. El cristiano a quien la primera mitad del Ciclo no ha conducido aún al término que acabamos de exponer, encontrará en la segunda preciosos recursos para desarrollar su fe y acrecentar su amor. El Espíritu Santo, que reina más particularmente sobre esta parte del año, no dejará de obrar sobre su inteligencia y sobre su corazón; y, cuando un nuevo ciclo litúrgico se abra, la obra esbozada ya por la gracia, podrá recibir el complemento que la debilidad humana había suspendido.





Sea todo a la mayor gloria de Dios.


Martirologio Romano 21 de mayo


BEATO BENVENUTO 
DE RECANATI
Confesor


n. alrededor del año 1200 en Recanati, Italia;
† 5 de mayo de 1289


Éste es mi cuerpo que será entregado por vosotros;
haced esto en memoria mía.
(Tito 2, 7)


  • Beato Benvenuto de Recanati, Confesor, Nació alrededor del año 1200 en Recanati, Italia. Hermano lego franciscano. Cocinero. Murió el 5 de mayo de 1289.
  • San Valente, Obispo, que juntamente con tres niños fue martirizado.
  • En Alejandría, la conmemoración de los santos Mártires Segundo, Presbítero, y otros; los cuales, imperando Constancio, en los días santos de Pentecostés, fueron cruelísimamente muertos de orden de Jorge, Obispo Arriano.
  • En la Mauritania Cesariense, el triunfo de los santos Mártires Diáconos, Timoteo, Polio y Eutiquio, que diseminando por aquella región la palabra de Dios, merecieron ser juntamente coronados.
  • En Cesarea de Capadocia, el triunfo de los santos Mártires Polieuto, Victorio y Donato.
  • En Córdoba de España, san Secundino, Mártir.
  • El mismo día, los santos Mártires Sinesio y Teopompo.
  • En Cesarea de Filipo, el triunfo de los santos Mártires Nicóstrato y Antíoco, Tribunos, con otros soldados.
  • En Alejandría, la conmemoración de los santos Obispos y Presbíteros, que, desterrados por los Arrianos, merecieron ser agregados a los santos Confesores.
  • En Niza, junto al río Var, san Hospicio, Confesor, insigne por la virtud de la abstinencia y por el espíritu de profecía.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.



BEATO BENVENUTO
DE RECANATI


El bienaventurado Benvenuto entró como hermano lego en los franciscanos de su ciudad natal, y se hizo notar por su piedad y su humildad. Con frecuencia, durante la misa, y especialmente después de haber comulgado, caía en éxtasis. Un día permaneció en este estado y no pudo cumplir su oficio de cocinero: un ángel lo reemplazó. Murió el 5 de mayo de 1289.

domingo, 20 de mayo de 2018

R.P. Leonardo Castellani: Sermón Domínica de Pentecostés





En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: “Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y en él haremos morada. El que, no me ama no guardará mis palabras; y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió”. “Os he dicho estas cosas durante mi permanencia con vosotros. Pero el intercesor, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, Él os lo enseñará todo, y os recordará todo lo que Yo os he dicho. Os dejo la paz, os doy la paz mía; no os doy Yo como da el mundo. No se turbe vuestro corazón, ni se amedrente. Acabáis de oírme decir: «Me voy y volveré a vosotros». Si me amaseis, os alegraríais de que voy al Padre, porque el Padre es más grande que Yo. Os lo he dicho, pues, antes que acontezca, para que cuando esto se verifique, creáis. Ya no hablaré mucho con vosotros, porque viene el príncipe del mundo. No es que tenga derecho contra Mí, pero es para que el mundo conozca que Yo amo al Padre, y que obro según el mandato que me dio el Padre. Levantaos, vamos de aquí”.
Juan XIV, 23-31


"El Evangelio de Jesucristo"
R.P. Leonardo Castellani


Domínica de Pentecostés

Hemos visto el Domingo pasado que Judas Tadeo, el Otro Judas, interrumpió el Sermón-Despedida de Cristo diciendo: “Y bueno, vamos a ver, ¿por qué demonches te mostrarás a nosotros y al mundo no?”.

Habla con la idea mesiánica vulgar del triunfo externo y terreno del Rey Mesías; idea que a los fariseos los llevó al error y al furor, y que no estaba ausente de los Apóstoles: era uno de esos prejuicios comunes. Es exactamente lo que dijeron cuando comenzó a hacer los primeros milagros: “¡Muéstrate al mundo!”, “ ¡Publicidad, publicidad! ¡Propaganda!”. Ellos esperaban la Epifaneia, la Manifestación espectacular y gloriosa, que en las mentes groseras o apasionadas significaba el “nacionalismo”; o sea, la sublevación general, la expulsión de los Romanos, la independencia, la instauración de la Nueva Israel de los Profetas y de la Nueva Jerusalén, “Visión de Paz”.

Pero los Apóstoles consternados estaban escuchando entonces una cosa diferente: Cristo hablaba de otra clase de paz, no de la paz después de la victoria, sino de una misteriosa derrota. Hablaba de caridad fraterna, no de guerra; del Espíritu Santo, no de Judas Macabeo; de que el mundo iba a triunfar y ellos habían de entristecerse, de que se iba y no lo verían más; del Príncipe de este mundo, el que no tiene parte alguna en Él, pero al cual no dice que Él va a arrollar; al contrario. Cristo habla de cosas desconocidas, lejanas y espirituales. ¿Y el Reino de Israel?

Cristo no responde directamente a Judos Tadeo, no discute: hubieran podido argüirle con el Rey de sus parábolas, con el Sultán que hace el convite de bodas y excluye furiosamente a los remisos, el Sultán que hace pasar a cuchillo a los que se le sublevan... ¿Jesús mismo no se había proclamado heredero directo de David y mayor que Salomón?

Cristo responde indirectamente: repite los cuatro o cinco temas de este Coloquio- Testamento, como un gran sinfonista: su vuelta al Padre, la venida del Espíritu de Dios, el momentáneo triunfo del mundo... añadiendo tres cosas raras, que son tres grandes puntos teológicos: la inhabitación de Dios en el hombre (“Si alguien me ama, guardará mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos en él y haremos en él mansión”), la función del Espíritu Santo (“El Parácleto, que mandará el Padre en mi nombre, él os ensenará todo, y os sub-recordará todas cuantas cosas yo os dije”) y por fin una palabra inesperada: “El Padre es mayor que yo.”

La venida en nosotros del Padre y el Hijo no es otra cosa que el Espíritu Santo: que es el lazo inseparable del Padre y su Verbo, el amor de Dios en Dios. No fue desconocida a los filósofos y místicos paganos una habitación de Dios en el hombre: “Est Deus in nobis, agitante calescimus illo”, dijo Ovidio, repitiendo un tema poético común, que está ya en Lucrecio (69) P. S. – “Efectivamente, el verso citado es de Ovidio, Fastorum, 1. VI, v. 5 El
dístico completo reza así: “Est Deus in nobis agitante calescimus illo Impetus hic sacrae semina mentís habet” (Pbro. Dr. Lucas Tapia, profesor de Humanidades). 

[En las ediciones anteriores, esta nota, y la que ahora lleva el número 98, estaban incluidas en un anexo titulado “Erratas”. Al final del mismo se leía la siguiente declaración del autor: “Se agradecerá al lector que avise cualquier error, errata, o lapsus de este libro al Autor, calle Caseros 796, Buenos Aires. Agradecimiento al Pbro. Enrique A. Villamil de Gualeguay, y también al Pbro. Abel Suquilvide, de Guanaco, al Dr. Rodolfo J. Charchaflié, a Bachicha Beccar Varela y otros que me han indicado varias erratas de la 1. edición (1 de mayo de 1958). N. del E. ].; y Séneca Estoico en su Epístola LXIII: “¿Te asombras de que un hombre vaya a los dioses? Pues un dios viene a los hombres, más aún “en” los hombres: ninguna sin un dios hay mente buena.” Mas el judío Filón habla continuamente del Dios que habita nuestra mente. Pero hablan de una cosa muy distinta de la de Cristo, de esta presencia invisible, personal y amorosa.

Lucrecio habla de la naturaleza, y concretamente en este punto de la acción de Venus, la diosa del instinto amoroso; Ovidio habla de la inspiración poética, atribuida a la Musa Polimnia; Séneca de acuerdo a la teoría estoica entiende una especie de moción general y providencia vaga; y Filón llama “dios” a la razón del hombre bien informada y orientada hacia el bien. Cristo en cambio habla de la “gracia', una realidad que nos injerta en Dios como un sarmiento en una cepa; de una vida humana vuelta divina de un modo humilde e imperceptible, como en la Encarnación. Y esta presencia no es una nueva revelación, ni una visión, ni un éxtasis metafísico pasajero, como en Plotino y los neoplatónicos; es algo que está humildemente, cuotidianamente, prosaicamente en todos los que están en gracia, por sencillos que sean: “Si alguien me ama”...

Eso es el Espíritu Santo en nosotros; no nos hace grandes filósofos. No hace nada nuevo: nos sub-giere, nos “recuerda desde abajo” –como dice el texto griego– simplemente todo lo que Cristo dijo. ¿Y para qué, entonces? ¿No basta decirlo Cristo? Y sin embargo nos enseña ¿oda, todo de nuevo. Porque una cosa es la voz exterior, otra la voz interior: otra y la misma. Hemos visto que la fe se compone como de dos elementos: primero los hechos históricos y la doctrina que nos viene de afuera; después –y al mismo tiempo– la iluminación y el consentimiento que nosotros hacemos colaborando con Dios: el consentimiento a la gracia. “¿Cómo creerán si no oyen? –dice San Pablo– ¿Y cómo oirán sin predicante? La fe viene del oído”... De hecho vemos que la predicación en algunos no hace ningún efecto; porque un hombre puede llevar un caballo al río, pero ni diez hombres pueden hacerlo beber si no quiere. O mejor dicho, no es que no haga ningún efecto, es que hace efectos contrarios a la fe, efectos de resistencia en muchos, Bajo la actual indiferencia religiosa, un furor sordo o una nostalgia sorda encueva. Ella será invisible en las masas, pero se abre lugar y sale a luz en la literatura contemporánea, por ejemplo, sobre todo en el sector que hemos llamado literatura de pesadilla, La desesperación actual no es la desesperación pagana del viejo Catulo o del viejo Lucrecio: es más aguda y está orientada. Una sorda nostalgia de la fe palpita en Kafka o en Simona Weil; un furor contra la fe en Joyce o en Andreief; y toda clase de ídolos muertos o supersticiones incluso pueriles en las masas descristianadas. Lo que va a salir de esto, yo no lo sé. “El que no me ama, no guarda mis palabras.” No tendrá paz, tendrá una paz falsa, “como la da el mundo. Yo os dejo la paz, os doy mi paz, no como la da el mundo”.

“El Padre es mayor que yo”. Ésta es la palabra de que se prevalieron los arrianos para negar la divinidad de Cristo: herejía de los primeros siglos, que duró cinco siglos, cundió en el Ejército Romano y entre los reyes bárbaros (Leovigildo, Recaredo) y amenazó ahogar la Iglesia; pero hay arrianos sutiles o burdos aún hoy: muchos de los protestantes y modernistas –si no todos– son arrianos, o nestorianos o socinianos hoy día. “Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre; porque el Padre es mayor que yo.” ¡Vaya una razón!

Cristo no se va a contradecir cada diez minutos: estaba repitiéndoles con insistencia que Él y el Padre eran uno, que lo que Él les decía lo decía el Padre, que el que lo veía a Él veía también al Padre, y que el Espíritu Santo era el Espíritu de Él y del Padre. Esta palabra divergente: “Mi Padre es mayor que yo” tendrá pues explicación... Tiene tres explicaciones.

Dicen algunos Santos Padres (Atanasio, Gregorio Nacianzeno) y Tertuliano que Cristo se dice menor que el Padre porque procede del Padre en la eterna generación divina. Eso era llamarse menor en un sentido enteramente impropio y aun equívoco; que por lo demás nada tiene que ver con el discurso actual y disuena de él. ¡Valiente consuelo para los Apóstoles! ¡Ininteligible! Por lo demás, tampoco sabían ellos todavía la Trinidad claramente.

Segunda, decir que Cristo entonces “habló como hombre y no como Dios”, evasiva con que se descartan algunos comentaristas baratos, es justamente lo que diría un arriano; y es absurdo en este caso. Jamás habló Jesús como puro hombre; ni podía tampoco, sin fingir o mentir.

La exégesis de San Cirilo de Jerusalén es la buena: Cristo habla como Dioshombre, y como hombre que está en esa situación particular: frente a su Pasión y Muerte, presto a ser hecho no sólo varón de dolores sino “gusano y no hombre”: cosas que al Padre no podían alcanzar; mas cuando volviera al Padre, sería igual al Padre aun en ese aspecto de la gloria ya inconmutable. Volvería a reasumir su divinidad que nunca dejó, oculta ahora a los ojos de la carne, y como vaciada según la palabra de San Pablo: “exinanivit semetipsum”, se aniquiló a sí mismo, tomando figura de siervo. Mas lo que tenían los Apóstoles delante de los ojos era esa figura de siervo; y de acuerdo a eso había que hablarles.

Entonces sí la frase es un consuelo y encaja perfectamente en el contexto. Los Apóstoles podían alegrarse por amor a Cristo de saber que iba a superar su dura tortura y derrota, asimilándose después al Padre incluso con su misma naturaleza humana: “Porque mi Padre está ahora mejor que yo, aunque seamos iguales...” quiso decir Cristo.

¿Así que Dios mora en nosotros? No me parece los días de viento Zonda. No se ve mucho Dios en Sisebuta. No se ve la gracia los días de elecciones. “Creo en la gracia porque no la veo”, dijo César Pico; lo cual es exacto; se cree lo que no se ve; pero si de ninguna manera la viéramos, no podríamos creer en ella. La vemos a veces en sus efectos, por lo menos en sus efectos totales. Los Apóstoles vieron venir al Espíritu en forma de viento impetuoso y lenguas de fuego. Después del día de Pentecostés los Apóstoles cambian, parecen otros hombres: “Iban gozosos delante del Sinedrio a padecer por el nombre de Cristo contumelia” los que no querían creer ni a la Magdalena ni a la Santas Mujeres ni a Pedro, los que no acababan de creer ni el día de la Ascensión, los que huyeron despavoridos del Sinedrio cuarenta días antes. Pedro negó a Cristo y después fue mártir. Pablo persiguió a los cristianos y después convirtió a la gentilidad. Una fuerza sobrehumana propaga y sostiene la Iglesia.

En la vida de cualquier cristiano no hay milagros; pero puede ser que mirada en su conjunto no deje de ser algo milagrosa. Vivió cristianamente, tropezó, cayó, se levantó, creyó, esperó, acabó y se fue; no dejó nada en la Historia; pero... hizo lo que otros declaran
imposible, perseveró en lo que otros tienen por locura, duró derecho a través de lasvicisitudes de la vida, no perdió la línea y temblaba el suelo, fue una cosa igual a sí misma cuando en cada hombre hay tantos hombres diversos, y en el mundo tantos contrastes e incoherencias. Parecía que había una voz escondida en su fragilidad infinita, un silbo, un compás, un Apoyo y un Co-estante; que eso significa en griego Parácleto: el que está junto: el Apoyo, el Co-estante.

Cosa curiosa: cuando creó a la mujer, Dios dijo que hacía una “ayuda” para el hombre; y la palabra con que se designa aquí al Espíritu de Dios es “ayuda”; “Parácleto” puntal, soporte, refuerzo.



Notas

69. El hexámetro, atribuido en la primera edición de Lucrecio, que reza “Est Deus in nobis, agitante calescimus illo”, no está en el poema De Natura Rerum, única obra de Lucrecio – por lo menos en el texto crítico establecido por Alfred Ernout para Les Belles Lettres de París, año 1935, que acabamos de recorrer verso por verso–. La idea sí que está en Lucrecio, y por cierto que como una de las ruedas maestras de su pensamiento, principalmente en la invocación: “Aeneadum genetrix hominum divonque voluptas Alma Venus... “ (1. I, v.1), y en la mitad del Libro IV, v. 1058 seq.: “Haec venus est nobis “ Nosotros copiarnos la cita equivocada (el verso probablemente de Ovidio) de un exégeta llamado A. Durand, el cual probablemente la copió, según la santa costumbre de los eruditos, de otro exegeta, el cual la copió de otro, que era un vago que citaba de memoria no teniéndola buena. Así se han creado cosas pintorescas y aun portentosas en el mundo de las letras, como observa Belloc: “Inaccuracy is a God... A t least, sume God guides it... Inaccuracy is a very fruitfull and powerfull creator of things. It not only creates legends, it creates words There are hosts and crowds of words... through the inspiration of inaccuracy, which is blown into meo by this God of whom I speak...”, “On Inaccuracy” en el libro On, p.100, Methuen Ldon. cuarta edición, año 1927. Hemos citado con todo cuidado; sin embargo, si alguno nos recita, le recomendamos verifique sus referencias.





Sea todo a la mayor gloria de Dios.

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